Leerlos es una lluvia tibia en este instante, una caída de gotas que lavan lo negro. Tanto sol, tanta muerte, tanto dolor regado por las calles con sus jacarandas y ustedes, pensando, escribiendo, formando con sus palabras una cadena virtual de solidaridad que me consuela.
Como le dije a Dulce y a Ricardo, por los jóvenes vale la pena seguir viviendo, luchar, escribir, resistir, atestiguar estas catástrofes. Por ustedes, que a diario vienen a encontrarse conmigo, siento con toda la fuerza de mi sangre que debemos cuidarnos y repetir, repetir hasta el cansancio, que no todo está perdido si alguien viene a ofrecer su corazón.